22May2026

Crisis del Mar Rojo, Panamá, Suez: cómo construir un plan de rutas alternativas

Los corredores marítimos están sujetos a riesgos importantes que aconsejan la construcción de rutas alternativas.

Crisis del Mar Rojo, Panamá, Suez: cómo construir un plan de rutas alternativas

El comercio global lleva los últimos años aprendiendo, a base de costes económicos y de oportunidad elevados, que los corredores marítimos no son meras infraestructuras inertes, sino elementos activos sujetos a riesgos importantes geopolíticos, soberanos y climáticos. Así, ante los ataques hutíes en el estrecho de Bab el-Mandeb, la sequía prolongada que estranguló el Canal de Panamá entre 2023 y 2024 y la fragilidad creciente del orden naval en el Indo-Pacífico, los cargadores ya no pueden tratar Suez o Panamá como meros lugares de tránsito exentos de problemas. 


Esto no significa una renuncia a su tránsito, pero sí la construcción de alternativas que amortigüen su impacto y no estrangulen un comercio cada vez más global.

 

El doble shock: cuánto cuesta perder un cuello de botella


Suez canaliza en condiciones normales en torno al 12% del comercio mundial y cerca del 30% del tráfico de contenedores. Desviar el tráfico de Asia a Europa por el Cabo de Buena Esperanza añade entre 10 y 14 días, lo que supone entre un 30% y un 40% más de coste. Todo ello ha llevado a que el Shanghai Containerized Freight Index, que establece el precio del envío de contenedores, haya registrado en los dos últimos años picos de precios equivalentes a los peores momentos de la pandemia del COVID. Todo ello, con una caída generalizada de los tránsitos de contenedores por Suez, que en su punto más crítico durante 2024 llegó a reducir casi un 50% interanual de su tráfico sin que se haya producido una recuperación significativa, según datos de IMF PortWatch.


Por razones muy distintas, pero con consecuencias similares, el Canal de Panamá vio cómo una sequía prolongada asociada a El Niño obligó a la Autoridad del Canal a recortar calado y tránsitos diarios, y a subastar slots a precios récord derivando carga al sistema ferroviario norteamericano o al all-water route vía Suez, que en paralelo estaba cerrándose. En la práctica, el sistema mundial perdió simultáneamente sus dos rutas principales en ahorro de distancia y tiempos, algo que ningún plan de continuidad de negocio razonable contemplaba antes de 2023. 

 

Rutas alternativas: pros y contras

Esta confluencia ha disparado la búsqueda de soluciones alternativas que permitan diversificar el tráfico marítimo en la búsqueda de reducir los riesgos, pero sin que se disparen los costes. Estas son las que más han ganado importancia.

 

Cabo de Buena Esperanza 

Es la alternativa que más ha crecido desde 2024. Cara en combustible y costes laborales, tiene la ventaja de que no requiere inversión adicional. Su problema es estructural al multiplicar tiempo, costes y emisiones contaminantes.

 

 Ruta Marítima del Norte (Ártico) 

Reduce hasta un 40% la distancia Asia–Europa, pero depende de hielo estacional, la asistencia de rompehielos rusa y un marco político complicado para la mayoría de los cargadores europeos y norteamericanos. Es barata en millas, pero muy cara en riesgo regulatorio por lo que hoy es una opción para tráfico ruso-chino, no para los operadores logísticos occidentales.

 

China–Europe Rail 

El Eurasian Land Bridge ha multiplicado su volumen tras 2022, pero su capacidad agregada (alrededor de 1,5 millones de TEU al año en los mejores escenarios) representa una fracción mínima del flujo Asia–Europa marítimo. Es útil para cargas de alto valor y tiempo crítico (electrónica, automoción premium), pero económicamente insostenible como sustituto general porque depende de subsidios chinos y atraviesa Rusia o Bielorrusia.

 

Middle Corridor (Trans-Caspian) 

Es una alternativa con menores riesgos geopolíticos al land bridge ruso. El Banco Mundial estima que su capacidad podría triplicarse hacia 2030, pero parte de niveles muy bajos y arrastra cuellos de botella físicos en los puertos del Caspio. La inversión necesaria es alta y la rentabilidad está condicionada a flujos de tránsito políticamente protegidos.

 

IMEC (India–Middle East–Europe Economic Corridor)

Anunciado en el G20 de 2023, combina ferrocarril en Arabia Saudita y Emiratos con tramos marítimos a India y al Mediterráneo. Sobre el papel evita Suez, pero en la práctica depende de la normalización Israel–Golfo Pérsico y de inversiones de varias decenas de miles de millones. Es redundancia estratégica para los Estados, no operativa para un cargador en 2026.

 

Land bridges norteamericanos 

Permiten mover carga transpacífica por ferrocarril entre la costa Oeste y la Este de Estados Unidos, evitando el Canal Panamá. Funcionan bien para grandes retailers con previsibilidad estacional, añaden coste por TEU pero recortan tiempo y eliminan exposición al canal. El problema es que es esencialmente una solución parcial para el tráfico de mercancías norteamericanas.

 

Qué hace que una alternativa sea rentable

A la hora de determinar sistemas alternativos no solo hay que tener en cuenta su sobrecoste, sino que hay que realizar un análisis más profundo en el que se tengan en cuenta distintos aspectos:

•    La correlación de riesgos. 
•    El coste marginal por activación. 
•    Densidad de valor y el tiempo crítico. 
•    La escala. 

 

Las alternativas que parecen rentables y no lo son

Frente a esto hay alternativas que pueden parecer adecuadas, pero que tienen riesgos y costes muy elevados. Por ello, hay que analizar correctamente su impacto

•    El stock de seguridad inflado. Pasar de 30 a 90 días de inventario puede sonar prudente, pero financieramente es un préstamo al 8–12% que va al almacén en vez de a otros proyectos. Sólo se justifica para insumos verdaderamente irreemplazables y de bajo coste relativo.

•    El near-shoring no diferenciado. Mover producción a otros centros de producción de costes inferiores como México, Marruecos o Vietnam para evitar el riesgo asiático no tiene siempre el impacto positivo esperado. Si los inputs siguen viniendo del este de Asia y cruzando los mismos canales, sólo se traslada el problema.

•    Los contratos de capacidad fija firmados cuando los problemas eran más importantes durante 2024 a tarifas spot se renegociarán a pérdidas en 2026. Los cargadores que firmaron opciones multimodales a precios caros están descubriendo que la flexibilidad sin opciones es endeudamiento operativo.

 

Un marco práctico para los próximos años

Para un cargador medio que quiera diseñar un plan de rutas alternativas debe tener en cuenta cuatro puntos clave:

• Segmentar por necesidad crítica y densidad de valor: Generalmente un 10–15% de los productos concentran el 70% del riesgo financiero. Sólo ese subconjunto justifica tener alternativas activas.

• Negociar contratos marítimos con cláusulas de modal shift y tarifas indexadas, en lugar de tarifas fijas que asumen estabilidad geopolítica.

• Mayor trazabilidad. Saber en tiempo real dónde está la carga y cuál es la siguiente decisión óptima multiplica el valor de cualquier alternativa ya existente.

• La mejor alternativa es la opcionalidad contractual, no la duplicación física. Pagar para poder usar una ruta alternativa, no para mantenerla activa es más rentable.

Convulsiones como las actuales en el Golfo Pérsico demuestran que seguimos moviéndonos en un momento muy inestable. Por ello, es importante mantener alternativas, pero siempre controlando de forma minuciosa sus costes operativos.

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