18Mar2024

Plastrónica: la integración de los nuevos plásticos y la electrónica

La alianza de los polímeros conductores con los circuitos flexibles permite componentes electrónicos sencillos, versátiles y más fáciles de producir casi para cualquier sector que emplee tecnología digital.

Plastrónica: la integración de los nuevos plásticos y la electrónica
En los titulares sobre tecnología suelen destacar las grandes tendencias y los avances rupturistas, desde la inteligencia artificial y el internet de las cosas a la robótica y la nanociencia. Es natural que así sea, lo espectacular atrae. Pero el brillo de esas grandes ligas a veces oculta otros avances, quizá menos rutilantes pero también necesarios para entender el impacto real de las nuevas tecnologías a pie de empresa. Es el caso de la plastrónica, una industria emergente que surge de combinar varias disciplinas: la ciencia de materiales especializada en plásticos de última generación, la electrónica flexible (con circuitos y placas maleables, capaces de variar su forma junto con la base donde se instalan) y la impresión 3D profesional.  El resultado es una especialidad que permite integrar directamente chips y circuitos en piezas de plásticos especiales que facilitan el funcionamiento de esos componentes electrónicos, de ahí que emplee nuevos polímeros con propiedades eléctricas y ópticas (es decir, son conductores y semiconductores) y diferentes grados de flexibilidad en función del uso. Algunos de estos polímeros se desarrollan a partir de ingredientes orgánicos o híbridos que contribuyen a esas propiedades. Además, la impresión 3D industrial tanto de circuitos como de las bases plásticas donde van integrados, combinada con procesos como la inyección y el moldeado térmico, permiten fabricar los productos plastrónicos incluso en un solo paso, por compleja que sea su geometría. Esas cualidades aportan ventajas operativas a fábricas y talleres como reducir los procesos de montaje, la maquinaria necesaria y sobre todo el número de piezas en la producción. Además, la impresión 3D avanzada permite una libertad inédita para diseñar formas complejas (sin ella sería mucho más difícil y caro acoplar circuitos en ese tipo de formatos), junto con la versatilidad de fabricar tanto grandes series como tiradas cortas o personalizadas. Los expertos en plastrónica apuntan otros beneficios como la mayor facilidad para automatizar la producción, la reducción de espesores y pesos en los productos finales, con el consiguiente ahorro en costes de material, y una mayor robustez de los componentes electrónicos al estar encapsulados, y por tanto protegidos, en el molde plástico. ¿Cómo se traducen estas capacidades en el mercado? Fundamentalmente, en la fabricación de dispositivos y componentes más ligeros, sencillos y funcionales para cada vez más aplicaciones, desde la electrónica de consumo a, con su evolución en el tiempo, cualquier sector que integre componentes electrónicos en sus productos y servicios finales. La industria de la automoción, clave para la economía española, sin ir más lejos. Por lo tanto, la versatilidad de aplicaciones y con ella el negocio de la plastrónica tienden a expandirse. Ya se emplea en la fabricación de pantallas flexibles que, si terminan imponiéndose en dispositivos como móviles o tablets, supondría un boom comercial; en botonerías invisibles o mandos hápticos para cualquier soporte, sea el panel de un coche o la interfaz de cualquier aparato electrónico o electrodoméstico (un juguete, un mando a distancia, un panel de ascensor, un dispositivo domótico…); además de la fabricación de componentes varios como iluminación led impresa incluso en bases tan finas y flexibles como un film, sensores de temperatura, presión, movimiento, nivel, consumos, etc; o en productos térmicos como envases capaces de calentar la comida o la bebida que contienen. Que la plastrónica aporte ese plus de sencillez a productos y componentes podría convertirla en aliada del internet de las cosas, otra gran tendencia en marcha, y en general en el macrosector de la electrónica con una diversidad de aplicaciones sin límites a la vista. Lo mismo puede contribuir a fabricar un retrovisor de coche con pantalla integrada que la prótesis médica de una extremidad con mayor capacidad sensorial y operativa, además de usarse en leds para decoración, señalización o creaciones artísticas, o en entretenimiento a través de los dispositivos de realidades mixtas capaces de transmitir sensaciones físicas más realistas a sus usuarios. Otro posible campo de expansión es la generación energética con circuitos eléctricos y electrónicos integrados en paneles fotovoltaicos flexibles, aptos para adaptarse a superficies irregulares.
MÁRQUEZ Y CÍA

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